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En busca de la plenitud

El público

A veces, hablo a la gente incluso en mis sueños; y en ocasiones me despierto, recuerdo lo que he soñado, y lo escribo. Esta es una historia que soñé.

Había tres hermanos, los tres muy, muy pobres. Decidieron vender lo que tenían y comprar un poco de oro. Cada uno de ellos sabía que ese oro podría darle todo cuanto deseaba, que podría hacerle rico y proporcionarle buenos trajes, comida, una casa, ... todo.

Así que tomaron el oro y cada uno, lejos de los otros dos, se construyó una pequeña cabaña. Uno de ellos era un hombre muy religioso. Colocó el oro en el altar, y le rezaba cada día: “Por favor, oro, hazme rico. Proporcióname comida, una casa y ropa nueva”. Le escribía hermosas oraciones y le cantaba bellas canciones: “El oro lo es todo. Oro, vas a hacerme rico”.

El segundo también hizo un altar, pero no lo llamaba altar. Era un hombre de ciencia, así que lo llamó "exposición". Exponía el oro y le escribía ensayos. No era religioso, pero también rezaba a su manera: “Oro, tienes el potencial de quitarme el hambre, darme una casa, ropas nuevas, comida”.

Prem Rawat / Maharaji

El tercero vendió el oro. Para el primer hermano, esto habría sido un sacrilegio. Para el segundo, muy poco práctico, poco científico. ¿Deshacerse de la causa misma? Muy mal. Pero, de todos modos, vendió el oro. Con el dinero que consiguió, compró una granja, aró el terreno, sembró hortalizas y consiguió su cosecha. Comió todo lo necesario, y vendió en el mercado lo que le sobró. Con el dinero que ganó, se construyó una casa y compró ropa nueva. Cosechaba más y más en cada estación. Comía todo cuanto quería y vendía lo que le sobraba. Y así continuó haciéndose cada vez más rico.

Después de pasados algunos años, los tres hermanos decidieron reunirse. El primero explicó cómo rezaba al oro todos los días y que un día el oro contestaría a sus plegarias. El segundo, de manera muy científica, dijo: “Un día este oro llevará a cabo todo lo que yo he concebido que es capaz de hacer. Desarrollará todo su potencial”.

Ambos se volvieron hacia el tercero y le preguntaron: “¿Y tú qué haces? Te va bastante bien. Se te ve mucho mejor, llevas ropa nueva, un buen reloj, buenos zapatos. ¿Qué haces?”

Él les contestó con timidez: “Bueno, vendí el oro. Con lo que saqué, compré una granja, y tengo una casa, un hermoso huerto, cultivo mis hortalizas... Por supuesto, podéis venir a visitarme; cocinaré para vosotros y os daré ropa nueva”. Ellos replicaron: “¿Has vendido el oro?”.

El público

Cada vez que pienso en esta historia, la encuentro más profunda que la primera vez. Esos dos no eran capaces de ver lo obvio, que aquello por lo que rezaban ya le había sucedido a este hermano. Lo único que podían ver era: “¡¡¿Que has vendido el oro?!! Ahora estás condenado”. No, no estaba condenado. Había liberado el potencial del oro y tenía todo lo que necesitaba.

Tú también tienes todo lo que necesitas. Se encuentra dentro de ti. Todos los días —incluso cuando te sientes triste o apesadumbrado— hay una alegría inmensa dentro de ti, esperando a que la descubras. La gente piensa: “¿Significa eso que ya no te enfadas?”. Por supuesto que me enfado. Pero incluso cuando estoy molesto, sé que dentro de mí hay una alegría inmensa. ¿Me ocurren cosas malas? Sí. ¿Me pasan cosas buenas? Sí. ¿Soy diferente a ti? No; y si acaso soy diferente es sólo por una cosa: en todo lo que hago, soy consciente de que dentro de mí reside El que siempre he buscado; cuando me siento solo, sé que no estoy solo; cuando afuera está oscuro, sé que existe una lámpara. Lo sé. No es que “lo piense”, “lo desee” o que “sería estupendo”. No. “Lo sé”.

El viaje de la satisfacción es muy sencillo. Tú. Tú tienes eso tanto si decides que quieres experimentarlo como si no. Incluso aunque decidas que no quieres sentirlo, sigues teniéndolo. Tienes la posibilidad de sentirte satisfecho. En eso consiste el viaje. ¿Cómo lo sé? Lo he sentido.

Maharaji

Prem Rawat / Maharaji

 


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