La semana pasada, Prem Rawat viajó hasta San Antonio, Texas, para hablar, en la cárcel estatal de Dominguez a los participantes del Peace Education Program (Programa Educativo para la Paz, PEP) subvencionado por la TPRF. John C. Snyder reside en San Antonio y ha trabajado como enlace para las relaciones con la comunidad, y ha escrito sobre el programa PEP en la cárcel Dominguez. John fue invitado a participar en el montaje del evento en el que Prem Rawat se dirigió a los internos, y ha escrito este conmovedor relato.

Bien, supongo que el título no es del todo correcto, por dos razones. En primer lugar, oficialmente nadie ha sido excarcelado antes de tiempo. La segunda razón es que en las instalaciones carcelarias Dominguez a los internos no se les denomina presos, sino delincuentes. Sin embargo, el término libertad me pareció certero al escuchar los comentarios de los delincuentes y observar el entusiasmo que brotaba de sus corazones. Sus emociones y sinceridad genuina eran palpables a la vez que contagiosas.

Como parte del programa en activo PEP en Dominguez, los participantes a los cursos han invitado persistentemente a Prem Rawat a visitarles y hablar durante algún tiempo. Esa visita se llevó a cabo la pasada semana.

Un dibujo de un interno ilustra una historia de Prem Rawat

Cuando el equipo de montaje llegó, fue cordialmente recibido por los funcionarios de prisiones. La hospitalidad y cortesía fueron las notas predominantes ofrecidas por el personal. Conforme avanzaba el día, nos iba envolviendo el sentimiento por lo que iba a ocurrir.

Aquella tarde, cerca de 70 internos, personal del centro, funcionarios, representantes de la TPRF y voluntarios del PEP se sentaron juntos en una pequeña sala de las instalaciones. Los guardias acompañaron a los internos en pequeños grupos y tomaron asiento a la espera del comienzo del evento. Justo antes de la llegada de Prem Rawat, uno de los guardias les recordó que tenían que comportarse bien. Ese requerimiento, antes del comienzo del evento, fue el último hecho que nos hizo recordar que nos encontrábamos en el interior de una cárcel.

El asistente del alcaide habló en primer lugar, dando la bienvenida y agradeciendo la visita de Prem Rawat. Lorenzo Carter habló a continuación. El Sr. Carter ha apoyado, durante mucho tiempo, el programa Paz Interior, tal y como se conoce al curso aquí. En la presentación, ofreció una perspectiva de la buena acogida que ha tenido el programa y de  como el mensaje de Prem Rawat le había transformado. Después presentó al conferenciante principal. Una vez que Prem Rawat comenzara a hablar, la formalidad y rigidez de la vida en prisión comenzaron a diluirse.

Su mensaje y tono transmitían una mezcla de esperanza, aliento, orientación, fortaleza y afecto que hizo que todos los presentes se sintieran como si fueran los seres humanos más importantes del planeta. Definió la libertad en términos que iban más allá de los muros o de las restricciones y comentó que muchas personas que supuestamente tenían éxito, estaban más insatisfechas que los propios reclusos. Animó a todos los presentes a valerse por sí mismos y a sentir sus propios corazones, dijo que era sencillo el ejercitar los músculos de los brazos, pero los del corazón requieren verdadera fuerza de voluntad. Alentó a que cada uno desarrollase la capacidad de amar, de iluminar y realizar su potencial humano y concluyó con énfasis, nunca regresar a ese lugar.

A continuación de la charla de Prem Rawat, llegó el momento de preguntas y respuestas, y se permitió que algunos de los reclusos pudieran exponer sus preguntas y transmitir sus expresiones. Los internos mostraron el mismo respeto y sinceridad que Prem Rawat les había ofrecido, cuando le explicaron lo que había supuesto su mensaje en sus vidas. La humildad y la gratitud que transmitían fueron sobrecogedoras y cualquier palabra que pretendiera describir lo que allí se comunicó, sólo conseguiría disminuir  lo que fue dicho entre dos corazones humanos.

Más tarde, Chantal Piriz, uno de los iniciadores de los cursos PEP, se levantó, y, con lágrimas contenidas, agradeció a todos los que habían hecho posible el éxito del evento. Se dirigió a los internos, también, para agradecerles por su asistencia y sus contribuciones.

Una vez concluido el evento, un guardia entró en la estancia y dio instrucciones a los internos para que formaran una fila india. En ese momento volvimos a recordar que nos encontrábamos en el interior de un centro penitenciario. Sin embargo, conforme se marchaban, parecían completamente inmunes a las condiciones que les rodeaban. De alguna forma flotaban radiantes, sonrientes, y nos saludaban como si fueran a partir a un crucero y se despidieran de aquellos que dejaban en tierra.

La transformación fue asombrosa, y, al final, abandonaron la sala como hombres libres.

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