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En la imagen, Rukaya Iddris y su esposo junto a sus ocho hijos, todos ellos comen en el centro de Food for People de Ghana.

El 9 de enero de 2018, más de 750 estudiantes del pueblo de Otinibi, Ghana, volvían ilusionados a clase después de las vacaciones, listos para aprender y ponerse al día con sus amigos. A la hora de comer ya tenían hambre y debido a la generosidad de los donantes de todo el mundo, fueron recibidos, en la cocina de Food for People (FFP) con el olor de verduras frescas de la huerta, frijoles, pescado y kenkey. Era el día de apertura de la «Cantina», como los lugareños le llaman cariñosamente. Los niños sonreían mientras disfrutaban de su comida y compartían sus expectativas para el próximo año.

Los maestros y administradores también mostraban una amplia sonrisa en su cara. Están muy agradecidos al programa porque saben que las comidas diarias gratuitas, ofrecidas desde 2012, están ayudando a aumentar la matriculación y el rendimiento escolar. Los padres agradecieron la ayuda enormemente, no solo por la repercusión en sus hijos, sino porque también les ha permitido ahorrar tiempo y dinero que ahora podrán utilizar para sacar adelante a sus familias.

Alex Wiredu, corresponsal de la Fundación Prem Rawat (TPRF), estuvo presente y se emocionó mientras caminaba por el pasillo y preguntaba  a algunos niños qué les gustaría decir a esas personas de todo el mundo que lo hacen posible.

«Todos estaban muy contentos, querían expresar su gratitud a las personas responsables de poner la comida sobre la mesa», dice.

Alex descubrió que esta prestación está ayudando, indirectamente, a algunas familias. Resulta que muchas de las mujeres que vendían sus productos en la calle han podido crear su propio negocio gracias al dinero ahorrado en comida.

Una de ellas, Rukaya Iddris, estaba entusiasmada por compartir su historia con Alex, con la esperanza de que su agradecimiento por lo que este apoyo significa para su familia, llegue a los donantes a quienes no puede conocer en persona.

Esto es lo que dijo Rukaya, madre de ocho hijos que se benefician del programa de alimentos:

«Estoy, profundamente agradecida a los propietarios de esta instalación. A mis ocho hijos les gusta comer allí».

 

Rukaya Iddris y su esposo

«Levantarse por la mañana y no saber qué se va comer, ya no es un problema para nosotros. Antes, tenía que pensar todos los días en cómo iba a obtener el dinero para darles de comer. Los niños llegaban con frecuencia tarde a la escuela y no asistían con regularidad. Su salud física y mental era deficiente. Las facturas de hospital aumentaban.  Habíamos perdido la esperanza debido a las dificultades económicas».

 

«Un día, uno de mis hijos regresó de la escuela y me dijo que iba a comenzar un servicio de comedor escolar gratuito para los días de escuela y también los fines de semana. Me pareció tan asombroso e increíble que fui a comprobar esta información en persona».

 

«Empecé a plantearme seriamente ahorrar los 40.00 cedis (divisa de Ghana) a la semana que habría tenido que gastar en comida. Al final de ese curso académico había ahorrado suficiente capital para comenzar un negocio de gachas».

 

«Me gusta preparar las gachas y las ventas van bien, ya que es un alimento popular para el desayuno».

 

«No conozco a los propietarios de esta instalación, y ellos tampoco me conocen a mí, ni a mi familia. Pero gracias a su generosidad, mis hijos están creciendo sanos y felices. Cada mañana se levantan contentos y con ganas de ir a la escuela. Su destino ha cambiado, y su futuro será más brillante».

 

«Este gesto generoso no solo ha ayudado a reconstruir la vida de mis hijos, sino que también ha tenido efecto en mí. No tengo  cosas lujosas, pero tengo paz, ya no tengo que luchar más. Un hogar sin comida es un infierno. Hoy tenemos un hogar feliz».

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