Petri Bautista vive y trabaja en Cáceres, España, y acaba de incorporarse al equipo de voluntarios de la TPRF. Amiga personal de Luis Mesón desde hace muchos años, nos acerca en esta entrevista a quien ha sido el pionero en España del Programa de Educación para la Paz en los centros penitenciarios.

Petri: Por favor, describe qué nivel de implantación tiene el PEP en los centros penitenciarios de España.

Luis: En la actualidad hay 10 centros penitenciarios en España que están impartiendo el PEP y 6 más que están a la espera de confirmar su puesta en marcha. Aproximadamente hay unos 50 voluntarios que colaboran en el desarrollo del PEP en los centros penitenciarios y la asistencia semanal es de alrededor de 130 internos.

Petri: ¿Podrías describir las principales tareas que realizas actualmente en tu labor como voluntario de la TPRF en los centros?

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Luis: La tarea fundamental es la de poner a disposición de los internos un mensaje que puede transformar sus vidas. El resto de las actividades giran alrededor de esta. De forma práctica, procuramos que el equipo audiovisual esté en perfecto estado y que el material escrito sea lo más digno posible, dentro de las limitaciones presupuestarias. Mantenemos también una actitud positiva y cordial con las instituciones.

Petri: ¿Qué aspectos señalarías como los más satisfactorios en la labor que realizas como voluntario?

Luis M-foto.Luis: Además del impacto de este mensaje en nosotros, que tiene un tono muy especial dentro de estos muros, entre las experiencias más satisfactorias puedo destacar los momentos en los que un interno expresa su evolución y los pequeños o grandes cambios que está experimentando en su vida.

Petri: ¿Podrías contarnos algunas experiencias o anécdotas de los internos recogidos por los voluntarios a lo largo de estos años?

Luis: Como experiencias podría recordar algunas, pero basta con mencionar que en este clima de paz y encuentro con la esperanza, hasta los tipos aparentemente más duros pueden reflejar una ternura y sensibilidad que pocos podrían sospechar en este ambiente. Recuerdo la expresión, casi diaria, de una extraficante que decía que en sus sesenta y pico años no había podido saber quién era y que gracias a Prem Rawat estaba descubriendo su verdadero ser.

En uno de los talleres, un estudiante que acudía por primera vez, hizo un comentario algo confuso sobre el cuento de la hormiga que llevaba sal en la boca cuando fue a probar el azúcar de otra hormiga, entonces otro interno no pudo contenerse, se levantó y explicó lo que significaba para él ese cuento: «La sal es cuando venimos aquí y no dejamos atrás todo lo negativo de afuera, entonces el azúcar que aquí podemos probar no nos sabe a azúcar, sino a sal, y si dejamos atrás todo lo demás, entonces sí que podemos probar lo bueno que sabe este azúcar».

vista interiorEn otra ocasión, uno de los asistentes más asiduos a un programa dejó de venir. Cuando regresó de nuevo nos contó que le habían cambiado de módulo como castigo: «Me llevaron al lugar donde estuve durante muchos años y me sirvió para darme cuenta de que he cambiado. Ahora soy otra persona. En el tiempo que estuve allí, paré cuatro peleas; antes era yo quien las provocaba. No he tenido a nadie que me quisiera en toda mi vida, me he criado en la calle desde que era pequeño, como un animal, y ahora he encontrado a alguien que me trata como a un ser humano. Esto es lo que encuentro en estos talleres; me ayudan a sentir que soy un ser humano».

IMG_0858Estas son algunos de los testimonios de los estudiantes del programa de Educación para la Paz en diferentes centros. En la siguiente entrega tendremos la posibilidad de leer más historias conmovedoras de la mano de otros voluntarios de los centros penitenciarios de España.

 

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