Linda Pascotto informa sobre la reciente visita de Prem Rawat al Food for People, Otinibi.

Antecedentes:
“¿Que te vas a dónde el Día de Acción de Gracias?” “¿A Ghana?” “¿quieres decir África?” “¿ y no puedes marcharte después de Acción de Gracias?” “¿no puedes ir unos días más tarde?”

La tradición norteamericana de reunirse con la familia y los amigos el cuarto jueves de noviembre, Día de Acción de Gracias, está tan profundamente arraigada en la cultura estadounidense que temí fuera un tanto inoportuno perderme ese acontecimiento; pero es exactamente lo que he hecho este año.

Sabía de antemano que Prem Rawat había planificado una visita oficial al centro de Food for People (FFP, Alimento para la gente) en Otinibi, Ghana, coincidiendo con las fechas vacacionales de Acción de Gracias.
La verdadera razón por la que quería asistir era conocer las instalaciones de Otinibi, en Ghana, y participar en la inauguración de este centro de la Fundación Prem Rawat (TPRF, por sus siglas en inglés), tal y como hice con las otras instalaciones de India y Nepal.

A comienzos de septiembre recibí la confirmación del evento. Comencé de inmediato a planificar (a simular más bien) cómo podría levantarme sigilosamente de la mesa familiar en la comida de Acción de Gracias. Por suerte, mi marido era el más fácil de convencer, ya que es mi  mayor apoyo, de una forma elegante acepta mis extensas jornadas de viaje y mis compromisos de fines de semana.

Durante varios días, pensé todo tipo de excusas que podría ofrecer a mi madre, a mis hermanos y a otros seres queridos por perderme esta fecha tan señalada, por primera vez en mi vida. Ninguna de las excusas se asemejaban a la verdadera razón por la que anhelaba asistir y, al final, cuando alguien mencionaba el tema del Día de Acción de Gracias, con  bastante  ímpetu  espeté que ya había hecho planes para ese día. ¡Me iba a Ghana!

Después de las esperadas protestas, llegó una emotiva resignación y luego curiosidad e interés por mi próxima aventura con la TPRF. Les mencioné algunos puntos relevantes sobre los otros centros de Food for People que están funcionando muy bien en India y Nepal. El gran impacto que este programa está teniendo entre los niños y en esas comunidades y mi irrefrenable entusiasmo por ver en primera línea  el nuevo centro. Percibí que todos apreciaron y respetaron mi punto de vista y mi interés por asistir a ese acto tan importante.

El trayecto desde Los Ángeles hasta Accra fue muy largo, con algunos retrasos pero sin incidencias que reseñar. Una vez acomodada en el hotel de Accra me sentí entusiasmada por mi próxima visita a la mañana siguiente a las instalaciones del FFP, y comencé a pensar sobre el evento programado para dentro de dos días con Prem Rawat.

Comenzamos nuestro trayecto después de la hora punta matinal y a pesar de que la carretera estaba pavimentada, muchas áreas estaban cortadas por obras y nuestra mayor preocupación eran los continuos baches en el pavimento.

Cuando finalmente llegamos al poblado de Otinibi, resultó emocionante ver el cartel de Food for People colgado en la reluciente pared blanca de las instalaciones. Cuando nos adentramos, los niños se dirigían al salón comedor. Estaban impecablemente vestidos con los uniformes de colegio, mientras caminaban hablaban y parecían estar de muy buen humor. Les pareció gracioso que quisiera tomar fotografías y posaron durante unos instantes antes de salir corriendo, mientras reían alegremente.

Grace Ninsaw

Era la primera vez que me encontraba con la directora del colegio, Sra. Grace Ninsaw, una persona encantadora, llena de entusiasmo por el evento que iba a tener lugar al día siguiente. Sus ojos brillaban y mostraba una deliciosa sonrisa, y no pude evitar regalarle una sonrisa también. Apenas intercambiamos dos palabras, pero de alguna manera, me sentí muy conectada con esa mujer que había sido de gran ayuda y había servido de nexo entre el colegio y la TPRF.

La Sra. Ninsaw estaba como en una nube mientras me mostraba los alrededores del colegio. Visité las modestas aulas y percibí que no les sobra nada a los más de 400 escolares. Estaban bien surtidos de escritorios, mesas, sillas y bancos. Lo que realmente echaban de menos, me confesó de una forma tímida tras mi pregunta de sobre qué es lo que más necesitaban; eran ordenadores. Si los niños iban a competir por un puesto de trabajo, debían  tener una capacitación con las computadoras. Incluso ella, la directora, tan solo disponía de una vieja máquina de escribir. Pensé que seguramente podríamos conseguir dos docenas de computadoras que ayudarían a esos niños a adquirir los conocimientos necesarios.

Vendedores en las calles de Accra–Foto de David Andeweg

Esa misma tarde, volví de regreso a Accra. Me sentía contenta por haber tenido la oportunidad de poder ver las instalaciones, de planificar el evento del día siguiente y de ver cómo iba a transcurrir la ceremonia. El tráfico estaba más congestionado porque nos encontrábamos en plena hora punta. Había una gran cantidad de vendedores callejeros caminando y en ocasiones corriendo tras un cliente a la par que el tráfico avanzaba. Incluso zigzagueaban hábilmente entre las filas de coches buscando clientes. Los artículos que vendían eran tan variados como los que puedes encontrar en una frutería, en un establecimiento de comida para llevar, de ropa, de automoción  o de juguetes y artículos de papelería. Parecía una forma cómoda de hacer la compra mientras el tráfico se despejaba. Los vendedores incluso ofrecían ¡trajes y zapatos de caballero!

Esto, unido a que las mujeres portaban sobre sus cabezas inmensas cantidades de comida, resultaba impactante de presenciar. Varias mujeres tenían montones de cacahuetes apilados que portaban en bandejas. Era asombroso ver cómo caminaban, sin perder la carga. Parecía una forma conveniente de llevarla , que les permitía tener las manos libres para otros quehaceres.

(Continúa en la 2ª parte)

Estudiantes reunidos antes de la comida

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