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Ivete Belfort, (en la imagen, 2ª comenzando por la derecha) administradora de empresas, madre de dos hijos y voluntaria de la Fundación Prem Rawat (TPRF) que ayuda a supervisar el Programa de Educación para la Paz (PEP) en Brasil. Gracias a su ayuda y la de otros voluntarios, la participación en el PEP, ha crecido rápidamente, situando a Brasil próximo a la cabeza de los 76 países donde se ha ofrecido el programa. En este blog, tanto Ivete como otros voluntarios en São Paulo comparten sus puntos de vista sobre el significado de formar parte del PEP y cómo este ayuda a sus participantes.

Durante algunos años he disfrutado organizando talleres del PEP para una gran variedad de asistentes e instituciones en varias comunidades, esto me ha permitido observar en primera persona el cambio que puede suponer en la vida de muchas personas.

El programa educativo tiene lugar en muchos estados a lo largo del país. En São Paulo, donde resido, en el más rico de Brasil, tiene una población aproximada de 44 millones de habitantes. Nos enfrentamos a muchos desafíos, incluyendo a los que tienen que ver con las 172 prisiones concentradas en este estado ya que albergan el 20 % de los reclusos de Brasil.

Actualmente ofreciendo talleres semanales del PEP en 10 prisiones (en breve serán 12) así como en escuelas, universidades y centros culturales. Alrededor de unas 600 a 800 personas participan en el programa cada mes en la ciudad de São Paulo ―capital del estado― y en los pueblos circundantes. Esto supone un gran reto para un pequeño equipo en un área tan extensa ya que organizamos en torno a 20 talleres semanales en la región.

Afortunadamente, el número de voluntarios dispuestos a disfrutar en esta tarea, es cada vez mayor. El trabajo en equipo es importantísimo para mantener el grado de calidad de los talleres ofrecidos. Hacer una buena evaluación de nuestra intervención, es crucial para mejorar.

Espero que los comentarios de algunos de los miembros de nuestro equipo, sean motivo de inspiración para otros voluntarios en el resto del mundo y esto ayude a más gente a involucrarse con la TPRF:

Zila: Por la manera en que los reclusos participan en los talleres puedo ver que los videos están teniendo un profundo impacto. Están felices. El poderoso mensaje de Prem Rawat es tan simple y cierto que importa muy poco si el participante es académico o de origen humilde, el impacto en cada uno de los asistentes es único, y por esa razón es muy gratificante ayudar.

Roberto: Estar encarcelado no es fácil. El ambiente es hostil y muy pesado. Cuando los presos asisten por primera vez a la clase no entienden de qué se trata. Durante la segunda semana observo un cambio en ellos. Parece que atraviesan una puerta metafórica y se ponen del lado de sus corazones.

Lucimar: Con la ayuda de Roberto, desarrollé una forma de presentar una introducción del PEP tanto a un público en línea como a más de 900 personas en el Tribunal de Justicia del estado de São Paulo. Fue una experiencia fantástica. Todo comenzó cuando buscaba un lugar donde anunciar otro PEP cerca de sus oficinas y pensé, ¿por qué no preguntar en las oficinas del Tribunal de Justicia para ver si les interesaría ofrecérselo a sus empleados? ¡Su respuesta fue extremadamente positiva y gratificante!

Juliana: El primer contacto que tuve con el PEP fue en la  Universidad Internacional de la Paz (UNIPAZ) y me ayudó a adquirir un gran conocimiento de mí misma. Me encanta formar parte de un programa que tiene el poder de transformar y despertar a cada uno de nosotros. Es una gran responsabilidad.

Sandra: Cuando yo comencé a participar en el PEP no sabía el impacto que causaría en mi vida. La primera vez que pisé una cárcel para ofrecer el programa me sentía muy nerviosa ya que se trataba de una prisión específicamente para personas que habían cometido delitos sexuales. No sabía si podría enfrentarme a esos hombres. Pronto mi actitud cambió y ahora mi marido y yo esperamos con impaciencia ofrecer la clase cada semana. Incluso hemos empezado a impartir las clases en otra prisión de similares características.

Carlos: Mi familia al completo está involucrada en el programa. Mi mujer Rosane y mis hijos se sintieron tan inspirados por el programa que también se hicieron voluntarios. Realmente enriquece nuestras vidas.

Rosane: Cuando oí por primera vez hablar del programa me encantó. Me convertí en parte del equipo de voluntarios, pero al principio fue difícil porque tenía miedo de hablar en público, parecía que estuviera mostrando mis debilidades. Sentía que otras personas eran mejores que yo, que el mundo era mejor que yo, pero continúe asistiendo a una cárcel de mujeres junto con otros voluntarios, sin abrir la boca excepto para saludar, temblando. Con el tiempo gané confianza con el material y ahora me siento tan cómoda que soy coordinadora. Ha sido una gran experiencia de aprendizaje.

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