Los habitantes de Nepal agradecen la ayuda que están recibiendo de la Fundación Prem Rawat (TPRF) y su asociada la Fundación Premsagar Nepal, mientras luchan por reconstruir sus vidas como consecuencia del devastador terremoto.

«De no haber estado el centro alimentario Food for People (Alimento para la gente, FFP) hubiéramos muerto de hambre. Llovía y ni tan siquiera hubiéramos tenido un lugar donde guarecernos —explicó Chandra Waiba, que vive cerca del centro de Tasarpu—. Era como si una deidad se hubiera posado en mitad del poblado, para ayudarnos en esta situación tan terrible».

Al igual que cientos de vecinos, Chandra encontró refugio, alimentos, agua y suministros en el centro desde que el sismo destruyó su hogar.

Los voluntarios de la Fundación Premsagar viajan por toda la región para informarse sobre las necesidades y evaluar la ayuda que pueden proporcionar a sus residentes, que agradecen profundamente esta atención personalizada, según comenta Prem Dhungel, vicepresidente del patronato de la Fundación. Una frase común que los voluntarios suelen escuchar es la siguiente: «En este desastre todo el mundo sufre y no hay gente disponible para ayudar. Gracias por asegurarse de que nos encontramos bien».

Días después de que los voluntarios del Premsagar distribuyeran los suministros; como tiendas de acampada, mantas y arroz a los habitantes de Tasarpu, llegó un camión del gobierno nepalí ofreciendo artículos similares.

Los lugareños les dijeron: «Ya hemos recibido los suministros de la Fundación. Por favor, envíen nuestras provisiones a otros vecinos que las necesiten», comentó Prem.

Sin embargo, muchos retos permanecen mientras los habitantes confrontan la perdida de sus hogares y los temblores secundarios. Hoy mismo, 8 de mayo, cuatro temblores de cuatro grados de intensidad de la escala Richter han sacudido el país, según informa un noticiario.

«Todavía estoy asustado. Muchos hogares están dañados y no tenemos un lugar donde vivir. Mis provisiones de comida y ropa se encuentran bajo los escombros de mi casa —dijo Dal Bahadur B. K., residente de Tasarpu—. El suelo aún tiembla debido a los movimientos. Necesito construir una cabaña pequeña y no estoy seguro de cómo podré hacerlo. No sé qué hacer, aunque la Fundación nos ha ayudado mucho».

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